Misión

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Misión Tabor de María 2019

Los últimos días de Semana Santa  la Juventud Masculina y la Juventud Femenina de Schoenstatt estuvieron misionando junto a unos 60 jóvenes universitarios en Montevideo. La Campaña del Rosario brindó Talleres para la comunidad, y el domingo de Pascua culminó la Misión con la Bendición de una Ermita de la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt en el frente de la Parroquia de Aires Puros.

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Aquí compartimos algunos testimonios:

Mi nombre es Mauro Fernández, soy sacerdote en la parroquia Santa Magdalena Sofía Barat en el barrio Aires Puros de Montevideo. Hace ya 4 años que vienen los chicos del Movimiento a vivir la experiencia de Tabor de María en Semana Santa. Personalmente me tocó acompañarlos estos últimos dos años. En ellos he vivido momentos increíbles. La fuerza juvenil atrae y contagia, por lo cual el barrio se ha visto bendecido con la presencia de estos misioneros. Los frutos están a la vista y de a poco se han integrado personas del barrio que estaban alejadas y han vuelto a la práctica viva de la fe en comunidad.

A su vez, la experiencia al interior de la misión se vive con mucha intensidad. Momentos de oración, servicio, vivencia de las celebraciones y los sacramentos, van haciendo posible un verdadero encuentro con Cristo. Sin dudas que la invitada especial y guía de la misión es “la Mater”.

Al grito de: “Ella obrará milagros” salen los misioneros con la imagen de la Virgen a visitar las casas y llevar un mensaje de esperanza. Sin dudas que las Semanas Santas son distintas con Tabor de María y recomiendo de corazón a todo joven o comunidad que reciban a los chicos para que puedan experimentar, como yo lo experimenté, la alegría de ser Iglesia en salida de la mano de María. Dios los bendiga.

Pbro. Mauro Fernández

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Al principio me dio mucha pereza irme de Paysandú y pasar una de las mejores semanas lejos de amigos y familia. Es como que cuesta un poco ese arranque, pero de verdad que una vez que estas ahí sin duda que pasas 4 días épicos y cargados de emociones, siguiendo de cerca la fe, con un tremendo grupo que me llevo de recuerdo.

Y como comentábamos entre nosotros, puede que el resto de tus amigos vivan semanas mejores o peores, esto simplemente es diferente.
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Siempre estás haciendo algo y de verdad que salís renovado, Tabor de María es una misión que todo cristiano tendría que experimentar al menos una vez. Es muy intensa.

Una de las actividades que hicimos en Aires Puros fue salir a tocar puerta a puerta, compartiendo nuestra fe e invitando a niños a que se arrimen a jugar. Creo que esta fue una de mis actividades favoritas, ver a 40 niños corriendo para todos lados te hace volver a los 10 años.

Manuel Romero, Misionero

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Si me preguntás cómo viví la misión sólo se me viene a la cabeza una palabra, ENTREGA.

En la mañana del viernes santo, nos tocó ir a misionar la casa de Mabel, que por cuestiones de tiempo nunca hubiésemos llegado. Ella era una viejita, divina, que por salud, seguridad y otras cosas más, había dejado de ir a la parroquia pero no pasaba un día sin extrañarla, entonces nuestra propuesta fue pasar a buscarla y que disfrute ese momento del Vía Crucis en la parroquia, ya que no podía caminar mucho, pero al menos iba a poder estar presente en las últimas estaciones.

Justo un rato antes de esto, tuvimos un momento de reflexión con el grupo, donde hablamos de las experiencias, una de ellas era la experiencia “Yo por vos”.

¿Qué significa? Significa darlo todo por el otro y entregar lo que más nos cuesta.

Cuando llegamos a la parroquia con Mabel, el Vía Crucis ya había empezado… nuestra idea era que espere ahí con Juan, el cuidador, y a la vuelta juntarnos con ella otra vez, pero mis planes una vez más no fueron los míos, sino los de Dios.

Claro está que yo quería vivir esta actividad, la más significativa que tiene una misión de Pascua, acompañar a Jesús en su sufrimiento, en su experiencia “Yo por vos”, pero al ver la cara de angustia que tenía Juan por no poder participar, no pude hacer más que ofrecerme y quedarme.

En ese momento me acordé lo mucho que había rezado antes de la misión, por la entrega y por actuar en todo momento como instrumento, entonces simplemente deje que fluya.

Cuando estábamos en el templo, rezando un rosario mal rezado pero poniéndole mucho amor, fue recién ahí que pude entenderlo… ella estaba FELIZ! Al igual que yo. Era exactamente ese el lugar donde yo tenía que estar.

Uno pone siempre sus proyectos y sus planes por delante de los suyos, la mayoría de las veces inconscientemente, sin darnos cuenta que hay algo mucho más grande preparado especialmente para nosotros, así que sí, solamente tenemos que entregarnos y dejar que él haga lo suyo.

Guillermina Ciganda, Misionera

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Esta misión de Tabor fue mi segunda misión en Semana Santa con Schoenstatt. Mismo lugar, mismos organizadores, mismo momento del año. Sin embargo, fue completamente diferente. Creo que la principal diferencia con el año pasado fue mi contexto. Este año estoy cargando una cruz personal muy pesada y la realidad es que llegué a Aires Puros completamente desesperanzada, cansada y agobiada. Llegué con un dolor inmenso y sin saber mucho como manejar mi situación.

Me propuse a mí misma ofrecer mi dolor y poder acercarme a María. Antes de ir a la misión una íntima amiga mía me repitió constantemente que tenga más presente a María. Me decía que tengo que recurrir más a ella al igual que hizo Jesús cuando estaba con el dolor de la cruz. Jesús encontraba fuerzas con tan solo una mirada de María. Si Jesús que es Dios necesitaba de María para poder cargar con su cruz, cuanto más nosotros tenemos que pedirle que nos ayude. Me repetía “Si querés ser amiga de Jesús hacete amiga de María”. Y eso fue lo que logré gracias a la misión. Logré encontrar amor en mi cruz, logré recordar que no la cargo sola, logré encontrarle un sentido a mi sufrimiento. Y logré acercarme de manera especial a María. Recordar su ternura, su amor, su paciencia, su humildad, su cercanía.

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Misionar en Semana Santa es muy especial porque en pocos días vivís sentimientos muy intensos. Pasar de rabia, a angustia, a soledad, a alegría extrema. Yo creo que puedo resumir de forma acertada lo que sentí en toda la misión analizando un poco lo que me tocó vivir en una actividad que hicimos el sábado temprano: la soledad de María. Tuve la gracia de tener que representar a María en ese dolor inmenso que tuvo que atravesar. Al principio de la dinámica, yo me encontraba sola rezando ante Jesús. Y así me sentía yo antes de ir a Tabor: sola, desganada, abandonada. A medida que fuimos rezando el rosario me empecé a sentir más tranquila, paciente, confiada de que Dios tenía mejores planes para mí. Los demás misioneros comenzaron de a poco a acercarse para acompañar a María en su dolor. Fue impresionante para mí poder hacer un paralelismo tan claro con mi vida personal, y ver cómo yo estaba más tranquila al estar acompañada. Me sentía en paz; sufriendo pero en paz. En el resto de los misioneros sentí a Jesús vivo. Sentí a Jesús amigo que me recordaba que no estaba sola, que me decía “aquí estoy”. Sentí confianza, confianza pura. Y mucha compañía, compañía de la buena.

La Vigilia del sábado de noche estuvo impresionante. Poder sentir que Cristo verdaderamente resucitaba en mi corazón. Yo que pensaba que me había abandonado, que estaba luchando sola. Me recordó con gran amor que Él estaba y está siempre ahí para mí.

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Hoy, casi una semana después de haber vuelto, medito y me doy cuenta de lo privilegiada que fui. Solo me resta agradecer. Agradecer a todos quienes hicieron posible esos días tan mágicos, pero agradecer más que nada a Jesús y María que reavivaron el fuego de mi fe, que me permitieron ver luz en la oscuridad y me ayudaron a valorar todo lo que tengo. Agradecerle a Jesús por cargar con todas nuestras cruces para salvarnos. Si él logró soportar eso… cómo no vamos nosotros a poder cargar nuestras cruces? Cómo no vamos a estarles agradecidos por la inmensa acción que hizo por cada uno de nosotros?

Y no sólo sentí muy cerca el amor de Jesús, sino que también tuve la gracia de poder ser su mensajera y poder acercarme a los distintos vecinos del barrio. Poder contarles este milagro del que somos todos parte, aunque capaz ellos ni lo saben. Poder volver a este barrio, reencontrarme con los vecinos. Invitar a la comunidad a que se acerque a conocer la obra más grande de amor. Poder ser testigos de Jesús es un regalo inmenso el cual se lo agradezco día a día. Poder compartirle al resto lo que sentimos es alegría pura.

Me voy de la misión cargando la misma cruz que cargaba antes de llegar, pero ahora llena del Espíritu Santo y confiada de que no estoy sola en esto. Me voy alegre, alegre de formar parte de esto. Y agradecida, agradecida con Dios por mi vida, por mi cruz y por poder ser su discípula.

Fue una misión mágica, una Semana Santa que sin duda quedará en mi memoria.

Josefina Rodríguez, Misionera

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