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Mensaje de la Hna. Mariela – Año del Padre Kentenich

Querida Familia:

El A­póstol Pablo escribe en el capítulo 13 de la segunda carta a los Corintios: “¿Ten­dríamos necesidad, como hacen algunos, de re­cibir de Uds. cartas de recomendación? Uds. mismos son nuestra carta, una carta escrita en sus corazones, conocida y leída por todos los hombres. Evidentemente  ustedes son una carta que Cristo escribió por medio nuestro,  no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vi­viente, no en tablas do piedra, sino en cora­zones vivos.”

En la celebración del Entierro de nuestro Padre, Mons. Tenhumber -Obispo auxiliar de la Diócesis de Münster, que presidió la ceremonia- comenta este texto y dice: “Todo hombre grande es una carta de Dios a su época, un mensaje para los hombres.

La vida de nuestro Padre y Fundador es nues­tra carta de Dios. El libro de su vida es nues­tro libro de Dios

¿Qué dirá alguna vez la Iglesia de él? Es una pregunta dirigida a todos nosotros!

Lo que la Iglesia dirá alguna vez de nuestro Padre y Fundador, se decide en nuestra vida, se decide en como leemos esa carta de Dios que él quiso ser y como la con­testamos.”

Nosotros quisiéramos ver publicada esta carta en todos los diarios, en todos los medios de comunicación. Este sería nuestro gran anhelo y quiere ser nuestro gran objetivo del nuevo siglo de Schoenstatt. Tenemos que publicar esa carta. ¿Y por qué? Porque sabemos que esta carta, que es nuestro Padre, contiene el gran mensaje de Dios para nuestra época, una respuesta para siglos.

Pero en la realidad de nuestro país, el gran desafío no es sólo  publicar esa carta en los diarios, hablar de él en todos los medios, sino ser nosotros la concreción del mensaje que nuestro Padre y Fundador trajo con su vida y con su Obra.

Este año dedicado, como Obra Internacional, a nuestro Fundador, preparando los 50 años de su muerte, es un llamado a ponerlo en el centro de nuestra Familia, de nuestros grupos y de nuestras actividades apostólicas. Queremos conocerlo para poder experimentarnos hijos herederos de una gran herencia, que no es sólo para nosotros sino para regalarla como respuesta a las llagas de nuestro tiempo. Tenemos que llevarlo al futuro para que su carisma ilumine a la Iglesia y a la sociedad con el fuego que el Señor le confió a él.

Por eso este tiempo es un llamado

  • A conocerlo – conocer su vida, el camino a través del cual Dios y nuestra Madre nos fue mostrando la fecundidad de la Alianza.
  • Es también un llamado a profundizar en su pensar, en su visión profética que tuvo de la realidad y las respuestas que dio y que las experimentamos como si fueran dichas hoy.
  • Y es una oportunidad de acercarnos a él como hijos, con nuestras dificultades y necesidades, para que él se nos manifieste desde el cielo como el Padre que cuida, acompaña y educa a cada hijo que busca su mano paternal.

Podemos estar felices de tener un Padre santo que vino a nuestras tierras a buscar Aliados para su misión y nos ha llamado a nosotros, con nuestra grandeza y limitación, para llevar adelante el carro de triunfo de nuestra Madre y Reina.

Hna. Mariela

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